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El hambre de las sombras. Cap.3

20 julio 2009

muerte

Hay algo en los cementerios que nunca pasa desapercibido. En medio de ellos uno puede respirar la paz que gozan varias de las almas que allí descansan, pero también se puede sentir la confusión y el miedo de otras tantas, que no terminan de comprender el proceso por el que están pasando. De todas maneras, los cementerios son lugares donde los cuerpos se corrompen y el llanto de los seres queridos impregnan la atmósfera de soledad y tristeza.

La muerte, en un aspecto material, siempre se relaciona con el final, con la podredumbre, con la ausencia de vida. En cambio, para el espíritu, siempre significa la esperanza, la transformación, la libertad, el descanso y la transición. Los cementerios nunca han sido los lugares favoritos de los ángeles, dejando ese espacio para los hermanos de la sombra, aquellos que se nutren con los principios etéricos de las emociones negativas que tanto generan los enterramientos de los muertos. Por mi parte tampoco puedo deciros que los cementerios sean objeto de mi devoción, aunque ciertamente encuentro en ellos una peculiar belleza que no me desagrada del todo.

A las doce de la media noche el cementerio maya de Chichicastenango deja vislumbrar una desoladora sombra de colores, que dibujan en las tinieblas los perfiles de las cruces caídas y las lápidas erosionadas por la acción del tiempo. Entrar nunca fue una dificultad, pues se trata de un espacio abierto del que huyen las criaturas sensatas, por lo que tampoco fue difícil perderme por ese laberinto de sepulcros evitando ser descubierto por los mortales. El blanco velo de la niebla acariciaba las frías lápidas de los callejones, y el olor a humedad y a hierba se mezclaba con el hedor putrefacto que se expandía por la atmósfera de manera eventual. Una sombra más definida apareció sobre la zona más oscura del campo santo. Su silueta era algo confusa, su estado de quietud transmitía una mezcla de sobrecogimiento y tranquilidad que no llegaba nunca al miedo.  El origen de aquella sombra no parecía inmutarse en mi presencia, invitándome con su silencio al acercamiento. Conforme avanzaba hacia ella, pequeños remolinos de aire parecían avisarme de las fuerzas invisibles a las que estaba sometida aquella pradera de alma y llanto, al tiempo que las copas de los árboles grisáceos se mecían con gran agitación.

Cuando me acerqué lo suficiente solo pude vislumbrar la imagen de una criatura alta y delgada cuyo rostro permanecía oculto en la oscuridad de una túnica negra y roja con capucha. El lugar permanecía franqueado por una franja circular de tumbas con las imágenes en madera y piedra de extrañas criaturas o deidusos mayas reverenciados por las gentes de aquellos lares. Una voz cavernosa y pausada me dio la bienvenida desde la sombra impenetrable de aquel rostro. En ese instante, todas las estatuas del cementerio giraron su cabeza hacia mi, y un estruendo de graznidos nació del invisible espacio que se extendía a la espalda de mi anfitrión.

-Sea usted bienvenido al reino de la muerte y de la noche, Sr. Piperón-

-Gracias… ¿tengo el gusto de permanecer ante la presencia de Don José?-

-…Don José no ha podido resistir la oscura energía que se mueve aquí esta noche, pero tengo órdenes de ayudarle a conseguir lo que busca-

-Me gustaría saber quien es aquella persona que se preocupa por mi y que le ha dado la orden de ayudarme-

-Eso no es importante ángel caído, además, calificar de “persona” al Príncipe suena demasiado irreverente-

-Siento la expresión, estoy seguro de que aceptará mis disculpas-

-En este mundo solo sobreviven los que han matado a la muerte, y de una forma o de otra todos somos hermanos, sus disculpas son aceptadas-

-¿Entonces me indicará cómo llegar hasta la puerta de la Oscura Región del Lago?-

-Tengo órdenes de hacerlo, pero antes permítame hacerle una pregunta… usted goza todavía de ciertos poderes y conoce la magia del tótem, ¿cómo es que no usa su magia para encontrar las puertas del infierno?-

-Porque ese es el arte de la oscuridad, y yo solo quiero trabajar con el esplendor de la Luz. Solo uso la nigromancia cuando es completamente necesario-

-¿Y donde han quedado los poderes de la Luz en su espíritu?-

-Esa luz se ha ido apagando. Mi nombre es Michel Piperón y soy un ángel caído-

Tras aquella respuesta, un fuerte aire cargado de un olor azufrado se lanzó sobre el campo fúnebre donde los graznidos de los cuervos creaban un estruendo ensordecedor que estremecía el alma. Extrañas sombras que dibujaban rostros amorfos y torpes salían de la tierra y de entre las lápidas malditas, aproximándose lentamente hacia mi. El caballero de la capucha extendió sus brazos, y la tierra se abrió entre él y mi persona con una enorme grieta que daba acceso a las profundidades de la tierra. El ambiente se tensó más de la cuenta, y mi intuición me avisó de un peligro inevitable.

-Ángel Caído, no tiene tiempo de pensarlo, baje por este lugar hasta llegar al destino que desea. Todas están sombras que se acercan son almas malditas sedientas de la energía vital de los vivos, no me hago responsable de sus actos. Mi papel termina aquí-

Realmente no tenía demasiadas opciones. Aquellas inconscientes almas malditas se movían como criaturas instintivas en busca de alimento. Entonces pensé en Eva y en Gabriel, y comencé a descender por la hendidura que aquel ser del mundo oscuro abrió con el fin de ayudarme.

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8 comentarios leave one →
  1. 20 julio 2009 21:52

    Le dire que yo evito los cementerios siempre que puedo. Huyo de ellos como intentaria huir de la muerte. Sin embargo, la descripcion que hace usted en el texto de hoy es tan bella que si yo pudiera verlos del mismo modo seguramente ejercerían gran fascinacion sobre mí.
    Esplendido, monsieur.

    Bisous

    • Michel Piperón permalink*
      21 julio 2009 17:07

      Distinguida Dama, sus comentarios siempre son gentiles, delicados, elegantes y sinceros. Están cargados con el embriagador perfume de la más excelente feminidad.

      Su persona nació para contemplar la belleza, gozar de los espléndidos rayos del sol en los días de primavera, y abandonarse a la serena calma de una noche de verano entre los jardines de cualquier palacio francés. Haría cualquier cosa para evitar que sus pies toquen el suelo que cubre a la muerte. Goce de todos los hermosos jardines del mundo, mas evite el de los cementerios, por favor.

      Buenas tardes, Madame.

  2. Ines permalink
    22 julio 2009 01:00

    Hola de nuevo, Michel,de verdad esta historia me esta deslumbrando, tienes un verdadero don con la palabra. Me encantan tus descripciones de esos lugares recónditos, misteriosos, o al menos que nos los haces parecer, porque son muy habituales en nuestro alrededor, pero jamas habia visto describir asi un cementerio.. Me encanta esa parte en la que dices “De todas maneras, los cementerios son lugares donde los cuerpos se corrompen y el llanto de los seres queridos impregnan la atmósfera de soledad y tristeza”

    Y como comparas lo que es la muerte para el cuerpo tanto para el alma.. De veras, eres toda una inspiración, no lo dejes.

    Un saludo

    • Michel Piperón permalink*
      22 julio 2009 17:31

      Inés, te agradezco mucho tus palabras tan halagadoras y reconfortantes. Me sorprende que te guste tanto esta historia. Con lectoras como tú es difícil plantearse dejar de escribir.

      Muchas gracias por tus comentarios, espero seguir leyéndolos.

      Michel.

  3. 22 julio 2009 01:49

    .

    Hola Michel!! Gracias mil por el tesoro que me hiciste llegar, realmente eres excepcional… lindo gesto el tuyo y que detalle más curioso el de la letra N

    En este tramo de la historia no he podido evitar crisparme un poco. No es que los cementerios me asusten, no, lo cierto es que, siempre han ejercido mucha fascinación sobre mí con toda su parafernalia, las lápidas, las criptas con sus catafalcos, los mausoleos con sus estatuas de ángeles tallados en mármol, los muros llenos de inscripciones, en fin… su ambiente lóbrego y silencioso me incita a pensar que cada quien le hace una petición de mano a la muerte y solo estamos a la espera de su respuesta. Pero pensar en el enorme riesgo que corres, al adentrarte en el escalofriante inframundo, pues te confieso que me resulta harto difícil mantener la ecuanimidad. Algo se me resquebraja dentro y siento una corriente fría que se descuelga por mi espalda al imaginarte bajando por los resquicios de la hondonada, penetrando lenta y cautelosamente por la hendidura… de lo que literalmente es la caldera del diablo

    Te sigo leyendo y te sigo el hilo, ese hilo tuyo que no quiero que se rompa porque es el que me conduce a través de tus enigmáticos laberintos y tampoco quiero dejar de seguir desentrañando el fuego y el gozo de tu palabra aguda, ardiente, intrépida y audaz, predicando la luz del espíritu divino, esa que nos da la fe y la fuerza que nos permite aventurarnos e ir de lo seguro a lo inseguro.

    A cada capítulo de imprevisto suspenso enciendes un púlsar en mi corazón, un palpitar untado de plata que me recorre como agua fluctuante enhebrada por el genio de tu mano que sutilmente pulsa una a una las cuerdas de mi alma que a regusto vuela a través de la noche en raudo torrente por este tormentoso y amenazante mundo

    • Michel Piperón permalink*
      22 julio 2009 17:38

      ¡Mi querida amiga, con tantos halagos haces que me ruborice como una niña!. De verdad que no sé por qué me dices tantas cosas y tan hermosas, ¡pero si tú eres mucho mejor que yo!.

      Mi linda Natasha, tantos años trabajándome le vanidad para perfeccionarme en la virtud de la humildad y tú vienes luego con tan bellas palabras para tu pequeño Michel poniéndome a prueba… vaya, vaya, vaya… menos mal que eres mi hermana mayor, que si no…

      Un beso.

  4. 23 julio 2009 20:34

    Michel me encanta este ambiente lúgubre y tenebroso que has creado y la forma en que mantienes la intriga ¡Quiero más :)!
    La imagen que has elegido es preciosa, como todas. Un besito!

    • Michel Piperón permalink*
      25 julio 2009 09:42

      Estimada Ana, muchas gracias por tu comentario, es fácil inspirarse visitando tu Página Escondida.

      Un abrazo

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