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El Príncipe de las Tinieblas. Cap.7

28 mayo 2009

el_umbral

Cuando sobrepasas el umbral de las tinieblas descubres una nueva forma de luz que te envuelve, que se extiende hacia los espacios interiores, que se alimenta de tu propia luz dejándote desnudo el aliento, acariciando la profunda piel de tu inconsciente, jadeando su frialdad en tus oídos cómo un fantasma sin alma; sin que puedas hacer nada para protegerte, sin el latido de tu corazón sobrecogido, sin opciones a huir, simplemente existiendo, sin vida, sin el calor de tus manos, sin ningún amor… perdido.

En lo más profundo de aquel lugar nada es confuso, todo tiene forma y fondo, intención, fundamento. El paisaje era esencialmente pétreo, con colores oscuros que contrastaban al mezclase con el brillo de los minerales. El espacio era muy amplio, siendo invadido por diferentes criaturas que surcando los aires iban y venían cargando entre sus brazos bolas de luz, diferentes en tamaño e intensidad, que servían de alimento a un extraño ser de imagen solemne y terriblemente persuasiva.

Su rostro transmitía una dulzura extraña, similar a la que se puede sentir en soledad cuando el sol se oculta cada tarde tras la lejana línea del oeste. Sus cabellos son largos y finos, sus ojos penetrantes y oscuros, sus labios y su pecho femeninos, sus brazos fuertes, masculinos, sus piernas están ocultas tras una falda bordada con motivos sensuales en hilo de oro sobre terciopelo negro con piedras preciosas. Su estatura grandiosa, sus gestos refinados y apacibles, su presencia, imperial.

Al Perverso no pareció importarle mi presencia. Es más, me invitó amablemente a que me acercara hasta él. Después de observarme por unos instantes, me dirigió la palabra.

-Sr. Piperón, le doy la bienvenida a mi Reino. Realmente me sorprende su atrevimiento, pocos son los seres que cruzan el umbral para conocerme, menos aún los que tras ver mi rostro consiguen salir de nuevo-

-No tengo miedo a contemplar su rostro. Es más, puedo verle cada día deslizándose entre las cortinas de mi pensamiento. Lo único que temo es la Ignorancia, pero vos… no puedo temer a lo que forma parte de mi.-

-Sr. Piperón… si teme a la Ignorancia, ¿por qué no se entrega a mi enteramente?. Yo soy la fuente de toda sabiduría, yo puedo complacerte en todo.

-Tú solo te complaces con la luz que te traen tus terribles criaturas-

-Claro… ese es mi alimento… la inocencia de las almas que cubren la faz de la tierra, sus anhelos espirituales que tan buen paladar tienen. Esa luz no las necesitan los hombres. Yo en cambio les doy la seguridad que solo ofrece el dinero, la satisfacción de la vanidad, lleno sus vidas con los placeres de la carne, les alimento con la ambición que ocupa su tiempo. A pesar de sus existencias miserables, les hago creer que son grandes e importantes, ¿acaso no merece eso que yo me alimente pues, de sus almas débiles y quebradizas?. Es solo un intercambio… y aunque usted se resista, Sr. piperón, más temprano que tarde podré percibir el dulce sabor de su alma. No se olvide de que yo soy el Señor del Mundo.

-En eso estamos de acuerdo, usted es el Señor del Mundo, pero no el Señor de las órbitas y de las esferas flotantes del Universo. Tú también tienes un final-

-El final solo gobierna a la naturaleza descendiente de la impermanencia. El final pertenece al Tiempo. Yo no soy del Tiempo, porque el Tiempo fue vomitado de mi boca. Se equivoca Sr. Piperón, yo soy una emanación increada, y mi Misterio permanecerá desafiando a la Luz y a la Eternidad. Yo soy la fuente de otra Luz, y el Dios de otra Eternidad.

-Entonces yo le daré de comer su propio vómito, le haré tragarse al tiempo que nos consume y le haré vomitar la Luz que se traga-

-No sea maleducado, Sr. Piperón… no olvide que es usted el que está en mi casa y que fue usted el que vino sin que yo se lo pidiera. Usted no tiene ese poder, porque ese poder solo puedo otorgarlo yo. Además, yo no hago nada que las personas no quieran hacer. Yo no robo las almas… ellos me la ofrecen a cambio de mi alimento. Sr. Piperón, no siga por esa vía porque ese es el sendero del perdedor. Usted goza de ciertos privilegios que yo admiro debido al trabajo que realizó hace miles de años. Por eso no puedo negar la simpatía que siento hacia usted, pero su tiempo se agota y su alma se siente cada vez más cansada. Sr. Piperón, ha sido un placer. Puede marcharse tranquilamente, la próxima vez que nos veamos no será igual que ahora. Muchas gracias por su visita, ya sabe que estaré complacido en ayudarle. Hasta la vista Sr. Piperón-

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3 comentarios leave one →
  1. 29 mayo 2009 22:42

    .

    ….uuuufff estás cosas obviamente no son humanas… sufro estremecimientos que ponen a temblar el pequeño pedazo de corazón que aún me queda… o quizás sí lo son, pero están enterradas en lo más profundo de las heridas podridas que tiene el alma y ahí es difícil interpretar correctamente las cosas

    …me ha dejado perpleja el aplomo y la sangre fría de Michel al ver con que determinación entra al arca y desafía con cierto aire de prepotencia al príncipe de la luz de hierro… jajaja me hace gracia…

    me parece que salta a la vista que don Sata en segundo plano se ha puesto a barajar a todo vapor todos los arcanos de su baraja, a ver qué ardides le sugieren o atisbar qué posibilidades tiene de destruir el inoportuno avatar del Ángel cuyas palabras parecen potencias que se afilan y surgen cómo relámpagos pesadillosos… un ángel de sangre metálica, que cree poseer los cuatro ases que sostienen el mundo de Asiah… o sea el mundo hacia el cual van todos lo que se han partido en dos. dos morales, dos estándares, dos escalas de valores para juzgar a los ke no son de este mundo.

    Ley, acusación, juicio y condena son los elementos esenciales de la ciencia del bien y del mal

    He registrado cada palabra dicha, hasta he visto la mano extendida con los pilones de monedas… es una gaza abierta con la intención de multiplicar codicia embriagada de ambiciones suicidas… pero ¿qué es el poder de un príncipe sordo dueño de un mundo sórdido ante la desnudez de la fe y la esperanza?

    Tienta, adula, provoca, halaga, seduce, finge que arguye, coacciona, intimida y finalmente amenaza… y queda un olor a azufre flotando en la atmosfera… un trozo de mi corazón solitario todavía sigue temblando pensando en la incierta suerte que pueda correr el señor Piperón, si el depredador de las tenebrosas oquedades decide materializar sus funestas amenazas

    Saludos Michel

    .

  2. Michel Piperón permalink*
    1 junio 2009 15:58

    Srta. Natasha, le aseguro que su capacidad de análisis llega a niveles mucho más profundos que mi simple intención al relatarlos.

    Desde luego que goza de un gran ingenio.

    Muchas gracias.

Trackbacks

  1. La llamada del ángel. Cap.6 « Michel Piperón

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