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Tras los pasos de la muerte. Cap.4

19 mayo 2009

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Cuando llegué al Sydney no tardé demasiado en contactar con Gerard Dupont, un viejo capitán de un buque mercante que había pasado cuarenta años de su vida proveyendo a las incontables islas del pacífico de todo tipo de mercancías, algunas legales. Pero en fin, ese tipo era justo lo que necesitaba para llegar hasta las islas Salomón de forma clandestina, y además, es el tipo de hombres que conservan ese honor de caballero tan característico de los años cincuenta, era fácil saber que no iba delatarme.

Salimos por la noche, el barco era más bien un fantasma que otra cosa, olía a óxido de hierro mezclado con queroseno y su escasa luz parecía que fuera a fundirse de un momento a otro. Lo bueno de aquella travesía fue el olor del Pacífico, ese maldito océano parece esconder terribles misterios en sus profundidades.

Fueron tres días de travesía, Gerard nunca quiso saber por qué yo quería ir a las Islas Salomón, él solo fumaba un tabaco de pipa negro con latakia que olía a brea. En verdad no hablaba de nada, solo contemplaba el océano encogiendo los ojos.

A unos escasos tres kilómetros de la isla de Guadalcanal fue cuando ocurrió la tragedia. Bajando el bote salvavidas del viejo barco, que me llevaría a la orilla de la isla, el viejo Dupont hizo un esfuerzo poco conveniente a su edad que le aumentó la presión sanguínea de la cabeza rompiéndole una arteria. Se incorporó de manera confusa y tras unos instantes, cayó de espaldas clavándose en la nuca la punta de un tornillo oxidado que atravesaba un madero sobre la cubierta del barco.

Bueno… aquel cadáver también iba a serme útil. Le abrí el pecho con un cuchillo y le extraje el corazón que cubrí con unos trapos llenos de grasa de motor, después lo subí al bote salvavidas no sin poca dificultad y empecé a remar en dirección a la costa de Guadalcanal.

Se estaba haciendo de noche y eso era lo mejor que podía pasarme para hacer los trabajos con el muerto, no sé decirte cuando tardé en llegar exactamente. Deje el cadáver oculto entre algunos matorrales, después de aquello no fue ningún problema matar a una iguana de dos metros, extraer el corazón al animal y tras los debidos rituales, quemar el corazón del viejo e  introducir el corazón del reptil en su lugar.

Es una práctica ancestral que tiene que ver con las más antiguas tradiciones mesoamericanas, en la que se encadena el ánima de un animal en el cuerpo de un muerto, creando así un híbrido sometido a las órdenes del chamán. En algunos lugares lo llaman la “magia del tótem”, en fin, no voy a detenerme con todo ese asunto.

El viejo empezó a moverse, arrastrándose por el suelo y mirándome con unos ojos profundos e hipnóticos, ahora solo necesitaba escuchar la orden precisa.

Entonces fue cuando le ordené a la criatura que me llevara hasta la fuente del mal. El híbrido comenzó a arrastrarse hacia el interior de la isla. Yo le seguí, sabiendo que la intuición de esas criaturas del mundo soterrado, me llevaría directamente al lugar preciso.

El cielo estaba cubierto de densos nubarrones, y de vez en cuando un silencioso relámpago me permitía ver la densidad de una selva que escondía un terrible secreto en sus entrañas.

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2 comentarios leave one →
  1. 19 mayo 2009 18:36

    .

    …el aire del mar, el olor a salitre y oxido ya le saludaban, como percatándose de la proximidad de los ritos fúnebres

    …porque son pocos los michel que buscan la muerte. y muchos los que la evitan

    sopesamos los pro
    y los contra del peso que llevamos dentro
    porque el sobrepeso no nos hace bien
    pues hay que pagar un extra. sobre todo cuando se encienden las voces que desde el fondo de la noche nos llaman y nadie les responde

    sólo somos aves migratorias, aves de paso con un leve error
    en la dirección de vuelo
    venciendo la pesantez eterna
    en los últimos límites del Paraíso

    y ahora enfilando hacia los confines de lo austral
    el pelicano golpeando con su pico
    la cálida terquedad de la Eva real delante de la fuente del mal
    la ilimitada extensión del yo varonil

    nada sé de lo ke busca michel en la selva inhóspita de Guadalcanal
    pero sobre lo límpido y esplendente de la luz, sus palabras hollaron mi sentir a pesar del peso de no saber nada. Sé tanto. Pero tampoco retrocedo. Siempre aposté a q existías en congénesis conmigo

    no obstante ahora miro esta historia con una boba pupila sin destino, escudriñando todo, pero sin retener nada para el amor o el enfado

    irrumpe oscuro y luminoso tu genio
    después de todo ya sabemos
    que buscas algo, aquello
    de donde fluyen por turnos los males
    y a lo que tú deberás responder con precisión
    en su nombre y con tu nombre impreso en el sobre
    con tu lápiz de punta fina
    porque finalmente cumplida la misión
    todos volveremos a casa.

    Besos sobre tus labios que me cuentan estas historias preciosas

  2. Michel Piperón permalink*
    19 mayo 2009 23:45

    Oh, mi pequeña Natasha, pasional de corazón y libre de espíritu. Doncella de las sílabas decorando la bóveda celeste con bellas palabras que suenan como alegres campanillas.

    Eres muy generosa conmigo, si me conocieras, no te quepa duda que te decepcionaría.

    Gracias por estar siempre ahí, soplando la tinta de mi pluma.

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