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La tormenta Cap.1

9 mayo 2009

tormenta
Todo pasó demasiado rápido. Probablemente no hubiera sucedido si me hubiese estado quieto. Al fin y al cabo un poco de lluvia no hace daño a nadie, y presenciar la muerte de un tipo siempre es, al menos, una situación incómoda.

Anoche salí más tarde que de costumbre del bar de Tomy. No suelo beber nada de alcohol cuando voy, pero me gusta escuchar esas disparatadas historias que se inventa para camuflar la frustración de su mediocre vida, y ya de paso le complazco, haciéndole creer que es un tipo ineresante… pobre diablo.

El bar de Tomy se encuentra a doce kilómetros de la ciudad donde vivo, en una pedanía perdida en medio de ninguna parte, donde solo paran los camioneros para reponerse. En cuestión de minutos se derrumbó el cielo y empezó a caer agua por todas partes, eso fue unos minutos después de arrancar el automóvil para regresar.

Justo en medio de la carretera me crucé con una chica joven en apuros. Su coche se quedó averiado y la tormenta no parecía querer colaborar con ella. Encendí las luces de emergencia y paré mi coche justo detrás del de ella. Parece ser que se tranquilizó un poco cuando me vio bajar de mi auto con la intención de ayudarle.
Abrí el capó de su destartalado Talbot Horizón blanco y empecé a mirar manguitos y niveles. Ella tiritaba de frío, la verdad es que no llevaba ropa de abrigo y solo se cubría con una camiseta de tirantes y unos vaqueros ceñidos. – Señorita-, le dije,-creo que lo mejor es que le lleve a su casa y mañana llame a su seguro para que se lleven el coche de aquí-

Me sorprendió que no dudara ante mi oferta, no es normal montarse en coche ajeno para que te lleven a tu casa en medio de la noche. En el regreso me contó que el coche era de su difunto abuelo bla bla bla bla bla bla. Yo solo estuve atento a su perfume, a la manera en que movía las manos y al timbre de su voz.

Eva vive en un barrio humilde, cerca del polígono industrial. Cuando llegué a la puerta de su casa me sonrió y me dio las gracias, yo le di una tarjeta y me despedí de ella con cordialidad. Cuando bajó del coche, un tipo de mediana edad sale del domicilio y empieza a gritarle. Yo bajé al instante y le amenacé con llamar a la policía. El tipo se viene hacia mi con la intención de agredirme, se escurre con el excremento mojado de algún can y con un bordillo se parte la cabeza, muriendo al instante.

Eva no pareció sentirlo demasiado. Entonces entró en mi coche, y el cadáver fue comido por las ratas sin dejar rastro.

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3 comentarios leave one →
  1. 10 mayo 2009 12:04

    Hola como estas? Bueno disculpa mi atrevimiento. Pero tengo que dejarte mi huella. Que forma que tienes de escribir, que manera de contar. Un beso y regresare nuevamente para volverte a leer.

  2. Michel Piperón permalink*
    10 mayo 2009 19:51

    Azucala, es un gusto tenerte en mi casa. Por favor, cuando vuelvas, no te importe dejarme una caja de habanos, “lanceros” por favor.

    Gracias por tu comentario.

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  1. La llamada del ángel. Cap.6 « Michel Piperón

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