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El océano del llanto. cap.4

27 julio 2009

lago

Hace miles de años, cuando era un muchacho, antes de conocer los secretos de Dios y la Ley de la Vida y de las almas, contemplaba sobre las dunas del desierto los astros en una bóveda celeste limpia y llena de esplendor. Entonces me sentía reconfortado porque en todo aquello veía la obra de los dioses, y hacia ellos se inclinaba en mi ser una profunda actitud de veneración, respeto y amor, tal y como mis padres me enseñaron desde la más tierna infancia, siguiendo el ejemplo de sus padres, y así sucesivamente.

Eran tiempos de sudor y sangre, donde la palabra tenía tanto peso como el honor y los hombres mantenían en el pensamiento la constante presencia de los Dioses y la búsqueda de la virtud. Aquellas eran vidas intensas y llenas de valor y autenticidad, donde los artificios y la imagen quedaban relegados casi en exclusividad a las más altas jerarquías sociales, y las dificultades, lejos de abatir al ser humano, fortalecían los espíritus, llenándolos de una sabiduría que hacía madurar a las almas, dando un paso más en su acercamiento  a los Dioses, que al final son parte de una misma Infinitud, o dicho de otra manera, de un mismo Dios.

Pero los tiempos se han ido degradando y con ellos la naturaleza humana, cuyo pensamiento se ha ido revistiendo con la persuasiva seda del hedonismo, y el corazón se ha ido marchitando con los abrasivos vientos del desierto cuyo nombre no es otro que el del Egoísmo.

Cuando se me abrieron las puertas del infierno, bajé por unas escaleras de piedra alumbradas por antorchas que pendían de la pared izquierda del lúgubre pasillo. Al final de este, salí a un pequeño voladizo que sobresalía de un desolado precipicio, que no tenía principio sobre mi y que terminaba  a miles de metros bajo mis pies, donde se extendía un siniestro océano de almas cuyos gemidos, llantos y gritos desgarradores resonaban en toda aquella atmósfera infernal. Sobre mi cabeza se  abría un panorama sobrecogedor que estremeció mi corazón: un espacio infinito, cuyo cielo estaba cubierto por nubes de fuego, arrojaba una lluvia incandescente de relámpagos fulminantes que caían sobre las condenadas almas, que no encontraban cobijo para refugiarse o consuelo para su interminable dolor y angustia. Cientos de demonios volaban de aquí para allá, ajenos al sufrimiento de aquellas almas, y empujando hacia dentro a aquellas que conseguían sobresalir sobre otras a lo largo de aquel tétrico mar de eterna agonía.

Hacía mucho tiempo que mi corazón no sentía tanto dolor y no se despertaba en mi un destello de compasión tan intenso hacia todos los seres humanos. Sentí en ese momento la necesidad de volver a levantarme como el ángel que fui, conquistar las esferas de la Luz y arrojar con toda la fuerza de mi amor el esplendor de la verdad que se graba en el corazón y que alimenta el espíritu con una nueva esperanza. Y fue precisamente en ese instante cuando recordé las palabras que Gabriel me dirigiera en las proximidades de la Catedral San Ioan Botezatorul, en Rumanía, exhortándome a la búsqueda de Eva, antes de que la poca luz que le quedaba sea devorada por el Príncipe de las Tinieblas.

Después de un tiempo difícil de precisar, un demonio se percató de mi presencia y se adelantó hacia mi.

-¿Quién eres tú?, te acompaña la sombre de los ángeles, pero ni tu presencia ni tu luz es la de ellos; también careces de nuestros atributos, responde pues alma perdida-

-Soy un ángel caído y vengo en busca de un alma-

-Ja, Ja, Ja, Ja, Ja… aquí hay miles de billones de ellas, cuando hayas terminado con las que hay en este submundo, te llevaré a los otros que hay por debajo de este para que sigas buscando-

-El alma que busco no está mezclada con todas estas, necesito que me lleves a la morada del Príncipe-

-¡¿Al Palacio del Príncipe?!… hay que tener un buen pretexto para querer someterse ante la diabólica presencia del Príncipe. Hasta yo mismo le temo en gran medida, ¿estás seguro condenado ángel?-

-El alma que busco es prisionera de su voluntad, solo vengo a devolverle su legítima libertad-

-Tú sabrás, yo no voy a acompañarte, pero te diré cómo puedes llegar-

-Con eso será suficiente, te lo agradezco-

-Deberás de bajar hasta la superficie de este mar de almas, allí encontrarás un demonio con una barca, él te podrá llevar hasta la isla del Tormento, allí está el palacio del que buscas, hasta yo mismo no me atrevo a pronunciar su nombre-

-¿Y cómo puedo bajar hasta allí?-

-Ja, Ja, Ja, Ja ,Ja… ¿Dónde dejaste tus alas angelito?-

-Ya te dije que soy un ángel caído, ya no dispongo de las alas doradas, solo soy un inmortal desprovisto de mis poderes-

-Ja, Ja, Ja, Ja, Ja… ¡que poco vas a durar en la Isla del Tormento!… ¡pero sábelo bien, que si no logras tu objetivo, yo mismo te empujaré hacia dentro cuando quieras salir de entre todas estas almas despreciables, mientras te cae toda esta lluvia de fuego en medio de este precioso mar-

-Claro, si fallo te daré ese placer-

El demonio se acercó hacia mi y me invitó a subirme a su espalda. Su piel era dura y escamosa como el dorso de los caimanes, y mientras descendía suavemente hacia la superficie del siniestro mar de almas, me concentré en Gabriel para que me diese toda la fuerza que iba a necesitar cuando me hallara ente la presencia del Maligno para recuperar la Luz de Eva.

El hambre de las sombras. Cap.3

20 julio 2009

muerte

Hay algo en los cementerios que nunca pasa desapercibido. En medio de ellos uno puede respirar la paz que gozan varias de las almas que allí descansan, pero también se puede sentir la confusión y el miedo de otras tantas, que no terminan de comprender el proceso por el que están pasando. De todas maneras, los cementerios son lugares donde los cuerpos se corrompen y el llanto de los seres queridos impregnan la atmósfera de soledad y tristeza.

La muerte, en un aspecto material, siempre se relaciona con el final, con la podredumbre, con la ausencia de vida. En cambio, para el espíritu, siempre significa la esperanza, la transformación, la libertad, el descanso y la transición. Los cementerios nunca han sido los lugares favoritos de los ángeles, dejando ese espacio para los hermanos de la sombra, aquellos que se nutren con los principios etéricos de las emociones negativas que tanto generan los enterramientos de los muertos. Por mi parte tampoco puedo deciros que los cementerios sean objeto de mi devoción, aunque ciertamente encuentro en ellos una peculiar belleza que no me desagrada del todo.

A las doce de la media noche el cementerio maya de Chichicastenango deja vislumbrar una desoladora sombra de colores, que dibujan en las tinieblas los perfiles de las cruces caídas y las lápidas erosionadas por la acción del tiempo. Entrar nunca fue una dificultad, pues se trata de un espacio abierto del que huyen las criaturas sensatas, por lo que tampoco fue difícil perderme por ese laberinto de sepulcros evitando ser descubierto por los mortales. El blanco velo de la niebla acariciaba las frías lápidas de los callejones, y el olor a humedad y a hierba se mezclaba con el hedor putrefacto que se expandía por la atmósfera de manera eventual. Una sombra más definida apareció sobre la zona más oscura del campo santo. Su silueta era algo confusa, su estado de quietud transmitía una mezcla de sobrecogimiento y tranquilidad que no llegaba nunca al miedo.  El origen de aquella sombra no parecía inmutarse en mi presencia, invitándome con su silencio al acercamiento. Conforme avanzaba hacia ella, pequeños remolinos de aire parecían avisarme de las fuerzas invisibles a las que estaba sometida aquella pradera de alma y llanto, al tiempo que las copas de los árboles grisáceos se mecían con gran agitación.

Cuando me acerqué lo suficiente solo pude vislumbrar la imagen de una criatura alta y delgada cuyo rostro permanecía oculto en la oscuridad de una túnica negra y roja con capucha. El lugar permanecía franqueado por una franja circular de tumbas con las imágenes en madera y piedra de extrañas criaturas o deidusos mayas reverenciados por las gentes de aquellos lares. Una voz cavernosa y pausada me dio la bienvenida desde la sombra impenetrable de aquel rostro. En ese instante, todas las estatuas del cementerio giraron su cabeza hacia mi, y un estruendo de graznidos nació del invisible espacio que se extendía a la espalda de mi anfitrión.

-Sea usted bienvenido al reino de la muerte y de la noche, Sr. Piperón-

-Gracias… ¿tengo el gusto de permanecer ante la presencia de Don José?-

-…Don José no ha podido resistir la oscura energía que se mueve aquí esta noche, pero tengo órdenes de ayudarle a conseguir lo que busca-

-Me gustaría saber quien es aquella persona que se preocupa por mi y que le ha dado la orden de ayudarme-

-Eso no es importante ángel caído, además, calificar de “persona” al Príncipe suena demasiado irreverente-

-Siento la expresión, estoy seguro de que aceptará mis disculpas-

-En este mundo solo sobreviven los que han matado a la muerte, y de una forma o de otra todos somos hermanos, sus disculpas son aceptadas-

-¿Entonces me indicará cómo llegar hasta la puerta de la Oscura Región del Lago?-

-Tengo órdenes de hacerlo, pero antes permítame hacerle una pregunta… usted goza todavía de ciertos poderes y conoce la magia del tótem, ¿cómo es que no usa su magia para encontrar las puertas del infierno?-

-Porque ese es el arte de la oscuridad, y yo solo quiero trabajar con el esplendor de la Luz. Solo uso la nigromancia cuando es completamente necesario-

-¿Y donde han quedado los poderes de la Luz en su espíritu?-

-Esa luz se ha ido apagando. Mi nombre es Michel Piperón y soy un ángel caído-

Tras aquella respuesta, un fuerte aire cargado de un olor azufrado se lanzó sobre el campo fúnebre donde los graznidos de los cuervos creaban un estruendo ensordecedor que estremecía el alma. Extrañas sombras que dibujaban rostros amorfos y torpes salían de la tierra y de entre las lápidas malditas, aproximándose lentamente hacia mi. El caballero de la capucha extendió sus brazos, y la tierra se abrió entre él y mi persona con una enorme grieta que daba acceso a las profundidades de la tierra. El ambiente se tensó más de la cuenta, y mi intuición me avisó de un peligro inevitable.

-Ángel Caído, no tiene tiempo de pensarlo, baje por este lugar hasta llegar al destino que desea. Todas están sombras que se acercan son almas malditas sedientas de la energía vital de los vivos, no me hago responsable de sus actos. Mi papel termina aquí-

Realmente no tenía demasiadas opciones. Aquellas inconscientes almas malditas se movían como criaturas instintivas en busca de alimento. Entonces pensé en Eva y en Gabriel, y comencé a descender por la hendidura que aquel ser del mundo oscuro abrió con el fin de ayudarme.

El secreto de Atitlán

6 julio 2009

lago de atitlan

Según las indicaciones de Gabriel, Eva se encontraba en una región que se extiende entre las oscuras tinieblas de las grutas cavernosas bajo el lago de Atitlán. Según él, donde ahora permanece el lago, se abría la siniestra oquedad de un terrible cráter volcánico cuyas ardientes entrañas estaban siendo impulsadas hacia el exterior por el soplo de una legión de demonios, con la intención de sepultar a todos los pueblos circundantes por la devoción que cultivaban al Dios del Amor, de la Fertilidad y de la Vida.

Debido al llanto y a las oraciones de los habitantes, que iban viendo como aquel terrible volcán iba exhalando con más intensidad el humo sulfuroso de sus profundidades, Dios mandó al ángel Rafael para liberarlos de tan dramático fin. Rafael y sus legiones estuvieron volando varios días sobre el cráter mientras escuchaban las bellas oraciones de las gentes humildes que se arrodillaban ante la celeste presencia. Entonces fue cuando de la compasión nacida de Rafael y sus huestes, brotaron las lágrimas sagradas de sus bellos ojos, que cayendo sobre el cráter consiguieron apagar la furia ígnea de sus abismos para que en su lugar se extendiera el lago sagrado que ahora reina la altiplanicie de aquellas salvajes tierras de Guatemala. Fue de esa manera, como aquellos demonios quedaron presos entre los socavones subterráneos bajo el lago de Atitlán, y cómo todos aquellos pueblos fueron librados por Dios a través del Ángel Rafael.

El primer día me instalé en Antigua. Allí contraté los servicios de Armando, un taxista de mediana edad con un carácter inclinado hacia la complacencia y el servicio, actitud que le proporciona unas generosas propinas por parte de los turistas europeos y americanos. Lamentablemente, gran parte de ese dinero extra se lo gasta en beber por las noches de cantina en cantina, donde su servicial carácter se hace mucho más lúdico y desatado.

Al día siguiente ordené a Armando que me llevara hacia la ciudad indígena de Chichicastenango. No paró de llover durante todo el trayecto y las nubes se negaban a dar la entrada a los cálidos rayos del sol, lo cual nunca resulta una señal favorable al destino. Allí me serví de la experiencia de Armando para poder contactar con un antiguo Chamán que me pudiera dar pistas sobre el oculto paradero de la entrada a la oscura región bajo el Lago de Atitlán, donde el alma de Eva va mermando en luz y fuerza.

La verdad es que no me quedaba demasiado tiempo, y resultaba necesario poder contactar aquel mismo día con el Chamán para poder enfrentarme cuanto antes con el Perverso.

Aún así las cosas no siempre acontecen como uno espera. Tuve órdenes de esperar arrodillado en las antiguas escalinatas mayas de la iglesia de Santo Tomás hasta nueva señal, y tras esperar así un par de horas, un muchacho de unos doce años se me acerca, y colgándome un crucifijo de madera me dice que Don José me podrá recibir a las 12 de la media noche en el cementerio Maya. La condición era que tendría que ir solo y que nadie podría verme entrar al recinto fúnebre. Después de aquello, el niño me bendijo y se marchó corriendo perdiéndose entre las callejas del mercado que se extiende a los pies de la Iglesia.

La revelación. Cap.1

3 julio 2009

inmortalidad

Llegó un momento en que Gabriel miró a la bóveda celeste y cerró los ojos, tras unos breves instantes en silencio las palabras comenzaron a fluir de sus labios.

-Michel, te encuentras en una situación delicada. Has permitido que una mujer se cruce en tu camino y no has sabido valorar las consecuencias de tu atrevimiento. ¿Es que no comprendes que el destino de un ángel caído está condenado a la soledad?… de lo que le pase a Eva sólo tú eres el responsable por haberla integrado en tu vida.-

-Gabriel… me siento cansado y solo-

-¿Es que no sabías que quien ha sido habitante del cielo ya no puede encontrar la felicidad en la tierra?. Ninguno de nosotros te abandonamos, fuiste tú el que nos abandonaste a nosotros-

-Me duele recordarlo… pero las cosas ya no pueden cambiar-

-¿Por qué dices eso?… ¿Acaso Dios no ayuda al que se bendice con el arrepentimiento?. No te engañes querido Michel, tú ya sabes que las cosas sí que pueden cambiar. Si quieres volver al hogar que abandonaste, sólo tienes que iniciar el camino de vuelta-

-Pero ese camino ya se ha perdido por la sombra del tiempo, no sé como volver, tienes que ayudarme amado Gabriel-

-Volverás a encontrar ese camino Michel, pero el regreso tiene un precio-

-Estoy dispuesto a pagarlo, mi corazón se petrifica y mi alma se cansa de soportar el peso de los siglos en un mundo decadente y cruel-

-Los ángeles caídos solo pueden regresar al seno de Dios de la mano de una mujer. Solo el alma pura de una mujer puede ayudarte, pero tendrás que despojarte de los pocos poderes que te quedan, el olvido se establecerá en tu memoria y perderás todo recuerdo de tu pasado. Quedarás abandonado a la materia y a los hombres, serás desprovisto de toda visión y no sabrás quien eres ni a que reino perteneces. Entonces será una mujer quien guíe tu camino de regreso sin saber que lo estás recorriendo, y solo ella podrá encender en tu corazón la luz que disipe las tinieblas de tu mente y de tus temores. Tendrás que aprender a obedecerla, tendrás que ser fuerte, tendrás que aprender a dominar tus instintos y tus debilidades… de otra manera, no solamente no podrás regresar con nosotros, sino que habrás perdido lo poco que te queda y estarás condenado al tiempo, a la vejez y a la enfermedad. Compréndelo, estoy hablando de la pérdida de tu inmortalidad, piénsalo, ¿estás decidido?.

-Pero… ¿qué mujer puede ayudarme a mi?-

-Debe de ser una mujer con un corazón puro y un alma inocente… sí, ella podría servirte. Pero no olvides que ahora ella está en peligro. Su alma es prisionera del Príncipe de las Tinieblas y su luz se apaga. Debes de ir en su busca y vencer todos los peligros… en primer lugar por ella, porque ella no merece pasar por lo que ahora está pasando, y en segundo lugar por ti, porque en ella está tu única salvación. Piénsalo bien Michel Piperón, toma una decisión y si logras rescatar a Eva de su oscura prisión, entonces podrás decirme que decisión has tomado y comenzar con todos los rituales para convertirte en un simple mortal, condenado al sufrimiento y sometido a las leyes del tiempo.-

Plenilunios 1 y 2: Michel Piperón, el vuelo del ángel

2 julio 2009

angel

PLENILUNIOS 1 Y 2

En vistas de la extensión de la historia, he visto necesario, sobre todo para los nuevos lectores que se vayan incorporando, recopilar en formato pdf. todos los capítulos con el objeto de ubicar al lector para próximas entradas.

Me complacería mucho la lectura, por parte de todos ustedes de los dos primeros plenilunios de esta historia y tener el gusto de leer los comentarios que quisierais escribirme.

Muchas gracias por vuestro interés.

Para descargar el archivo solo es necesario hacer click sobre la fotografía o sobre el link. En breve continuaré con más entradas.

Michel Piperón

El reencuentro. Cap. 7

26 junio 2009

alas de angel

Acababa de llover y todo estaba cubierto por esa calma que se sucede después de cada lluvia. La noche se había echado encima demasiado pronto, y mientras caminaba por los alrededores de la Catedral San Ioan Botezatorul, el canto ebrio de los noctámbulos urbanos me acompañaba en un segundo plano recordándome una vez más el mundo del que formo parte. Fue entonces cuando reconocí su voz a mi espalda y algo se alegró en mi corazón.

-Este lugar del mundo no beneficia el ánimo de un ángel caído, deberías de respirar el aire puro de un país donde el sol resplandezca y los pinos de sus montañas alivien el pesar de la mente-

Cuando me giré pude contemplar el solemne semblante de su presencia, y es que no hay nada más bello que la figura de un ángel de Dios. Su imagen es esbelta y noble, sus movimientos son adecuados, exactos, puros y refinados; su voz es dulce y pausada, acompañada de una sombra de severidad que infunde respeto y dignidad. Además, él era muy especial, uno de los siete ángeles elegidos por Dios para gobernar nuestro sistema solar. Hace varios cientos de años que estuve a sus órdenes, por entonces aun no había caído y estaba en posesión de mis alas ígneas y de todos mis atributos divinos. Fueron tiempos bellos, demasiados hermosos para recordarlos sin dejar de sentir un terrible dolor en lo más profundo de mi corazón. Pero aquellos días ya pasaron como pasan las aves de un lado al otro del firmamento, y de todo aquello ya solo me queda un amargo sabor, que me hace vivir como una criatura solitaria y apartada de todo, viviendo como un andrógino que no puede integrarse ni en el mundo de los hombres, ni en el de los ángeles, ni en el de los demonios; condenado a la eternidad y al sufrimiento de tener que contemplar como la raza humana se autodestruye lentamente, padeciendo una lenta agonía que se arrastra entre placeres malditos y la ansiedad de buscar en la materia lo que solo puede proveer la libertad del espíritu.

Di un paso hacia él y me arrodillé ante él como cuando lo hacía al formar parte de su séquito. Solo pude pronunciar su nombre.

-Gabriel…-

-Michel, no tienes porque arrodillarte, llevas mucho tiempo exento de todos los compromisos como ángel, ahora vives libre, como tú querías-

-Siempre me arrodillaré ante ti, porque tú me diste el conocimiento y el poder que me llevó hasta las esferas celestes, no puedo dejar de hacerlo-

Gabriel en ese momento se arrodilló frente a mí y tomó mis manos entre las suyas.

-Yo no doy nada a nadie, solo soy un mediador entre Dios y los hombres. Fue tu trabajo y tu entrega a Dios lo que te hizo formar parte de mi. Levántate Michel, los ángeles deben de estar más cerca del cielo que del suelo-

-Que bien suena eso de tus labios, más cuando sabes que yo ya no soy uno de los vuestros-

Gabriel se levantó al tiempo que tiraba suavemente de mis manos para que yo también me incorporara al mismo tiempo. Una vez los dos en pie, caminamos juntos entre las penumbras de los árboles que se alzan junto a la catedral. Su visita no fue un producto del azar, Gabriel rompió su silencio por algún motivo, y su presencia era al mismo tiempo una esperanza que me hacía sentir tan frágil y vulnerable como un niño pequeño junto a su padre en medio de un bosque cubierto por la noche.

La llamada del ángel. Cap.6

16 junio 2009
angel_caido

Cortesía de David Barredo

Después de todo este tiempo vagando sobre la corteza de nuestro pequeño planeta, pocas son las cosas que pueden ilusionarme. Es cierto que no hay nada que me pueda complacer más que la contemplación de la naturaleza, de los cambios que en ella se suceden, de su ofrenda de hermosos colores en el ocaso de cada día, o en el amanecer de cada aurora. Pero de todo lo demás pocas cosas me conmueven, y el ser humano me desencantó hace ya mucho tiempo.

Pero hubo una época en que cuando miraba a los seres humanos, no veía las formas, sino los fondos. No veía cuerpos con almas, sino almas con cuerpos; me conmovía la confusión de tantos espíritus atrapados en las jaulas de sus mentes, lejos de la Infinitud que todo lo sustenta, perturbados … perdidos. Entonces pensaba que podía hacer algo por ellos.

Una profunda tristeza invadía mi ser, y solo anhelaba ayudar a establecer la felicidad en el corazón de todos los seres humanos. No puedo negar que fuera un presuntuoso, un pobre iluso que tardó en comprender que en realidad nunca se puede ayudar al que no quiere esa ayuda, y que por lo tanto, la mejor manera de hacerlo consiste en permanecer a cierta distancia, observando el paso de las estaciones, esperando a escuchar el dulce clamor de algún espíritu, dispuesto a acercarse a mi, hasta donde él me lo permita.

Y después de tantos días, años… siglos de espera, aguardando a un nuevo plenilunio, escuché en mitad de una tormenta la voz que salía del alma de Eva. Me sentí confundido, pues ya apenas recordaba como era la voz de un alma, y a partir de ese momento en mi corazón comenzaron a florecer los tallos mustios, secados por la espera. En ese instante encontré un motivo por el que había merecido la pena someterse a la inmortalidad, y estaba dispuesto a ofrecerle todo lo que tengo por silenciar el amargo lamento de aquella alma.

Cuando invité a Eva a encontrarnos en Bucarest, tras mi viaje por el Pacífico, esperaba pasar con ella el tiempo suficiente pasa saber quien era realmente, cuál era el motivo de su clamor, de qué manera podía ayudarla. Y cuando conseguí abrir el cofre de su tesoro, él se disfraza para llevársela al reino de las Tinieblas, sabiendo que eso me llevaría a seguir su rastro, a encontrarme con él donde la tiene a ella, cumpliendo así la promesa que me hizo en la Fuente del mal.

Cuando llegué al Torreón de Chindiei poco antes del amanecer, solo encontré el fino rastro de su perfume, pero el balcón estaba abierto y al norte todavía se podía distinguir la densa oscuridad que sucede al Príncipe de la Noche. El maldito supo granjearse su confianza con el arte de su magia, pero lo que él no sabía es que yo podía encontrarle en cualquier rincón del Universo. Y es que nunca se debe subestimar la condición de un ángel, aunque se trate de un ángel caído, y ande vagando por el mundo como un nómada inmortal contemplando el sufrimiento del mundo reinando sobre el tiempo y el espacio.